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viernes, 10 de abril de 2020

INMIGRACIÓN, MAGIA Y RITUALES



A pesar de sus intentos por distanciarse de cultos satánicos y sectas homicidas, las brujas como Gaia Soler reconocen la existencia de ritos de sangre, sin embargo, para mi sorpresa, mi concepción de dichos sacrificios es muy diferente a lo que podría imaginar…


-La sangre porta nuestra vida –me responde Gaia Soler-, pero para que un sacrificio sea eficiente tiene que ser voluntario. Pero no solo eso, tiene que ser alguien a quien los dioses reconozcan, no vale cualquiera. Pero si tú quieres hacer un sacrificio muy, muy importante y quieres hacer un sacrificio de sangre, la sangre que utilizarás ha de ser la tuya. Nosotras lo tenemos muy fácil porque las mujeres tenemos la única ofrenda de sangre no cruenta de la naturaleza: nuestra menstruación.

-¿Y las plantas que utilizáis en los rituales?

-Las plantas son muy generosas. Ellas están aquí para cumplir un servicio como estamos todos y son muy generosas al ofrecer una parte de si mismas. Cuando vas a hacer un ritual tú les pides permiso y pocas veces me he encontrado yo con un no tajante… Me hacen gracia los vegetarianos que dicen no comer vida. Para nosotros todo tiene vida, hasta los minerales. Especialmente los cristales, que son unos grandes maestros, por su antigüedad… 

Desafortunadamente no todas las formas de entender la brujería resultan tan ecológicas y comprensibles como la wicca europea. 

- Todos los rituales son un proceso simbólico que lleva a modificar el yo de la persona que lo realiza. Los sacrificios son parte de ti mismo que ofreces en el ritual para cambiar tu propio yo, si ofreces algo por la fuerza, externo a ti, lo que mostraras es una falta de comprensión de este proceso -puntualiza Manuel Berrocal

Uno de los elementos más influyente en todas las formas de brujería es la conexión con la tierra. Pero las corrientes migratorias del siglo XX y XXI hicieron que, por necesidad, personas que habían nacido y crecido en una contexto cultural y espiritual africano, asiático o australiano, terminen empujados hasta una capital europea o norteamericana. Y esto ha implicado que algunos ritos atroces y ancestrales, limitados durante años a las junglas asiáticas o a las selvas africanas, hayan comenzado a ser detectados por los departamentos de policía de países como Alemania, Francia, Inglaterra, EEUU… o España al perder su verdadera simbología y adaptarse a un mundo de terror y de poder como el occidental. 


El caso cero se produjo en Londres en 2001. El cuerpo desmembrado de un niño de 5 o 7 años de edad fue descubierto en el río Támesis. Le habían amputado la cabeza, los testículos y las extremidades. Tras una brillante investigación forense Scotland Yard consiguió reconstruir los últimos días de vida del pequeño Adam (así se le bautizó). Según las conclusiones de la autopsia Adam había llegado a Europa no más de tres días antes de fallecer, durante el transcurso de un supuesto ritual mágico. 

El 29 de julio de 2003, 200 policías londinenses, encabezados por el inspector O'Reilly, participaron en una espectacular redada. Al alba, y echando las puertas abajo, los agentes detuvieron a 21 sospechosos, 10 hombres y 11 mujeres, en 9 pisos de la capital británica. La organización desmantelada en Londres estaba relacionada con diferentes tipos de delitos: falsificación de documentos y tarjetas de crédito, estafa y tráfico de seres humanos. En este caso, además de para una explotación laboral y sexual, para ser victimas de sacrificios rituales… Esa fue la triste suerte del pequeño Adam. Aunque lo más terrorífico, es que la investigación sobre el caso Adam desveló que, solo en Inglaterra existían cientos de casos de niños africanos desaparecidos en extrañas circunstancias. Y se supone que un pequeño porcentaje de esas desapariciones, siempre excesivo, están relacionadas con crímenes religiosos. 

Desgraciadamente los sacrificios humanos en el transcurso de rituales mágicos, continúan existiendo en el siglo XXI. 

En 2014 los misioneros salesianos lanzaron al mundo una ambiciosa campaña internacional que bajo el epígrafe “Yo no soy bruja”, intentaba sensibilizar a la opinión pública del drama que estaban viviendo en África miles de niños acusados de practicar la brujería o siendo utilizados, especialmente en al caso de los albinos, en rituales de Muti: sacrificios de un menor en un ritual mágico. 

Esta atroz persecución, que en pleno siglo XXI están viviendo los niños de países como Tanzania, Togo, Sudán, etc, ha influido en la acogida de inmigrantes, especialmente albinos, que solicitan asilo a países como Italia, España o Francia, para escapar de la brujería.

Sin embargo los crímenes más atroces, sangrientos y crueles, que se comenten en el siglo XXI en el contexto de la magia y la brujería no los cometen los brujos… sino quienes dicen combatirlos. 





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