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sábado, 18 de abril de 2020

HIPNOSIS Y NEUROCIENCIA



No todos somos fácilmente hipnotizables. La sugestión hipnótica implica una capacidad de concentración y atención, confianza, inteligencia, seguridad, etc, que no todos poseemos en igual medida.

En 2004 la Universidad de Virginia realizó una investigación científica sobre la hipnosis. Según dicho estudio las personas “altamente hipnotizables” tienen diferencias estructurales en sus cerebros. Dichos sujetos “presentaban un rostrum cerebral un 31,8% más grande. Esto es, “la parte del cuerpo calloso del cerebro involucrada en la asignación de la atención y transferencia de información a la corteza prefrontal”.


En base a esa primera detección de una diferencia fisiológica entre los sujetos alta y bajamente hipnotizables la revista Scientific Américan publico otra investigación en la que los sujetos de estudio eran divididos en dos grupos. A ambos se les proyectó una película, con la única diferencia de que uno de los grupos, altamente sugestionables, la vieron en estado de hipnosis y los otros no. Después los investigadores indujeron una amnesia post-hipnótica (PHA) al grupo sugestionable haciéndoles olvidar detalles de la película hasta que escuchasen la palabra “recuperación”, y una semana después reunieron a todos los voluntarios para evaluar sus recuerdos. 

Inicialmente el grupo hipnotizado obtuvo resultados mucho peores en cuanto a los recuerdos de la película. El grupo no sugestionado, sin embargo, recordaba más detalles y presentaba mayores niveles de actividad en los lóbulos occipitales y el lóbulo temporal izquierdo, regiones responsables de la visualización y análisis de escenarios. Pero cuando al grupo uno se le dio la orden post-hipnótica “recuperación”, su actividad en los lóbulos occipitales y temporal izquierdo aumentó al mismo nivel que el grupo no sugestionable, y sus recuerdos también. 

Más recientemente aún, en marzo de 2017, la revista Psychological Science publicó una investigación del británico Sackler Center for Consciousness sobre la verosimilitud del trance hipnótico. El equipo dirigido por Peter Lush utilizó a un grupo de 18 voluntarios altamente sugestionables, a los que se sometió a diferentes experimentos. La conclusión de Lush y su equipo es que los sujetos hipnotizados no mienten. “Los estudios de imágenes cerebrales pueden ser difíciles de interpretar -afirma Lush-. Esta es la evidencia más objetiva de que las personas hipnotizadas sienten que sus acciones no están bajo su propio control". Según el investigador, estudiar la vinculación intencional en estado hipnótico también podría ayudarnos a entender las condiciones mentales que afectan nuestro sentido del poder sobre nuestros propios cuerpos, como la esquizofrenia.

Mas recientemente aún, en julio de 2017, investigadores de la universidad de Stanford publicaban su fascinante estudio sobre la relación de la hipnosis y los cambios que se producen en el cortex del cíngulo anterior, el cortex prefrontal y la ínsula, de los sujetos hipnotizados. Para ello sometieron a 51 voluntarios a varios experimentos con y sin sugestión hipnótica, utilizando scanners cerebrales.


Un nuevo estudio revela las áreas del cerebro que se alteran en hipnosis.

En julio de 2017 la revista Cerebral Cortex publicaba los resultados de una nueva investigación sobre la hipnosis realizada por un grupo de científicos de la Universidad de Stanford, liderados por David Spiegel, basada en los scaners cerebrales efectuados a 57 voluntarios durante sesiones de hipnosis guiadas, similares a las que se pueden usar para tratar la ansiedad o el dolor. 

Los estudios relacionados con la hipnosis y el cerebro realizados hasta la fecha se centraban en los efectos de esta práctica en el dolor, la visión y otras formas de percepción, pero no en la propia hipnosis. Para Spiegel, “la hipnosis es la más antigua de las formas de psicoterapia en Occidente., pero se ha visto afectada por la invasión de capas y relojes oscilantes. Pero es una forma muy efectiva de cambiar el modo en el que usamos nuestra mente para controlar nuestra percepción y nuestro cuerpo. Este es el primer estudio que busca responder a la pregunta de qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos hipnotizan”.

El primer paso era encontrar personas que pudieran ser hipnotizadas y también otras que no. Solo un 10% de la población está catalogada como “altamente susceptible a la hipnosis”. Así encontraron 36 voluntarios que entraban en esta última categoría y otros 21 que serían el grupo de control. Todos fueron sometidos a 4 escáner cerebrales en diferentes condiciones (descansando, recordando eventos y durante dos sesiones de hipnosis). “Era importante contar con un grupo de control que no pudiera ser hipnotizado – señala Spiegel –. De otro modos podríamos ver en el cerebro de los susceptibles a la hipnosis cambios sin poder estar seguros si se debían a la hipnosis”.

En total se pudieron señalar tres cambios específicos en el cerebro bajo hipnosis. El primero de ellos se detectó un descenso en la actividad del área de la córtex del cíngulo anterior, implicado entro otras, en funciones cognitivas racionales. Para Spiegel esto se debe a que “durante la hipnosis uno está tan sumergido en ella que no nos preocupa nada más”.

También se observó un aumento en las conexiones entre dos áreas del cerebro, el córtex prefrontal y la ínsula. Spiegel describe esta conexión como la del cuerpo y la mente que permite al cerebro procesar lo que le ocurre al cuerpo. Finalmente detectaron una reducción en las conexiones entre el córtex prefrontal dorsolateral y la región que incluye al córtex del cíngulo posterior y estaría relacionada con la conciencia de nuestros actos. La opinión de Spiegel es que “durante la hipnosis no pensamos realmente en lo que hacemos, simplemente lo hacemos. Ahora que sabemos qué áreas del cerebro están implicadas en la hipnosis, podemos hacer más efectivo este tratamiento para problemas como control del dolor”.




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