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martes, 14 de abril de 2020

EL PODER DE LA DIOSA


Gaia Soler compatibiliza una profesión de tanta responsabilidad y tan urbanita como la producción de un programa de Televisión Española, con su religiosidad como sacerdotisa de un coven de brujería en Madrid.

Heredera de una tradición belga, donde fue ordenada, Gaia acepta responder a nuestras preguntas con infinita paciencia y generosidad. 


-Hechiceria, vudú, santería, meigas, Asatru, stregeria, wicca… son tantas y tan diferentes las corrientes de brujería… ¿Qué es lo que os define como brujas?

-El culto a la naturaleza –responde Gaia Soler sin titubear-. Nosotros defendemos que es una religión, muy diferente a las religiones del Libro, porque nosotros buscamos el reencuentro con lo divino, que es la naturaleza. Nosotros creemos que toda la creación es parte de la Divinidad, y viceversa. Creemos que cada entidad tiene un espíritu con el que te puedes comunicar. Que existen muchos dioses, pero que todos ellos son caras o aspectos del Dios y de la Diosa. Y por último que la manifestación de todo es la Diosa Madre. Desde ese punto de vista es verdad que es una filosofía de vida, pero también es una religión, porque hay un corpus de creencia, porque hay una forma de relacionarse con la divinidad, aunque sea a nivel personal. Estas religiones son orgánicas. Y como todo organismo evoluciona y cambia. 

Gaia Soler se refiere a las nuevas incorporaciones que hace la brujería de nuevos conocimientos llegados de otras tradiciones. En una tradición europea, como la Wicca, por ejemplo, no causó ningún conflicto la incorporación de conceptos como los chackras o la Kundalini, de origen hinduista, cuando personajes como Blavatski o Aleisteir Crowley los exportaron desde las colonias británicas en India a principios del siglo XX. 

-No nos causó problema –me explica Gaia Soler- porque en el fondo ya existían en nuestra brujería. Si tu consultas grabados alquímicos antiguos verás que esos remolinos en la energía ya aparecían representados, aunque no los llamábamos chackras. Por eso no nos costó aceptarlos e integrarnos entre nuestras herramientas de brujería. Quien trae todos esos conceptos orientales es Aleister Crowley, que los tomó de la Teosofía. 

El gran boom de la brujería en el siglo XX se produce en los años 50 cuando la “Ley contra la Brujería” en Inglaterra es abolida. Es entonces cuando el británico Gerald Gardner compila viejas tradiciones de las religiones precristianas y trata de establecer una línea cronológica de esta religiosidad pagana desde la antigüedad hasta nuestros días. Sin embargo el mundo de la brujería es tan inmenso, intercultural y contradictorio que su línea cronológica presenta demasiadas lagunas. Algo que le reprochan sus críticos pero que aceptan sin complejo sus defensores, como Gaia Soler. 


“No existe una brujería única –explica la suma sacerdotisa Gaia-. No pretendemos que exista un linaje desde el primer chaman que hubo sobre la tierra hasta ahora. Ha habido cambios, sincretismos, cortes… la brujería es evolutiva. No podemos pretender que sea lo mismo la magia de un chaman siberiano que la de un brujo madrileño del siglo XXI. Tú haces los pactos con los espíritus de la tierra… de tu tierra, porque el brujo tiene un vínculo muy importante con la tierra, con su tierra.” 

“La imagen de la bruja removiendo el caldero está muy bien para la cultura del siglo XIV –continua Gaia Soler- porque solo tenían un fuego y un caldero, pero ahora tenemos unas herramientas muy diferentes en el siglo XXI por ejemplo el mundo de Internet. La red es otro mundo, y es un mundo que mueve mucha energía y una forma muy buena de comunicación”. 

En cuanto al estereotipo de la brujería como un culto supersticioso para ignorantes y crédulos, Gaia Soler defiende que, por el contrario, en su Coven participan científicos, intelectuales, académicos y profesionales te todos los sectores sociales:

"En los Coven te puedes encontrar botánicos, historiadores, enfermeras… y cada uno de ellos aporta nuevas cosas. Nosotros somos investigadores. Funcionamos como en ciencia: elaboramos una hipótesis, intentamos comprobar si funciona, y si funciona la incorporamos. Y si no, la desechamos. "

“Es algo parecido –añade Manuel Berrocal- a lo que ocurrió en los años 50 con los físicos que terminaron convirtiéndose en budistas porque ahí encontraban una forma de entender todos esos nuevos conceptos cuánticos que estaban encontrando. Lo mismo ocurre ahora con la brujería…”.

“No estamos en guerra con la iglesia –concluye Gaia Soler- pero queremos reivindicar la palabra bruja y distanciarla de la carga peyorativa que la iglesia católica le dio. Sobre todo porque la gente que se mueve en la brujería del siglo XXI es gente de un estatus cultural y académico alto: médicos, psicólogos, antropólogos…”.

El poder de la Diosa

Por más que algunos antropólogos, historiadores y académicos pretendan convertir la brujería en sinónimo de ignorancia y superstición, lo cierto es que no hay mayor ignorancia y superstición de quienes se erigen en representantes de Dios para perseguir, torturar y matar a las brujas.

Al igual que las meigas gallegas, las vid'mas eslavas tienen el origen de su denominación en el término “sabia”, y es que eso es lo que, en esencia han sido, muchas de esas brujas perseguidas durante siglos por el poder.

Durante años he tenido la oportunidad de entrevistar a las últimas meigas gallegas. Sabias herederas de un conocimiento que, como en el caso de las streghas italianas pasa de abuelas a madres, y de madres a hijas, y que, según me relataban mis informantes, “ahora se está perdiendo porque las chicas de ahora están mas preocupadas del móvil y de sus redes sociales que de aprender sobre plantas, remedios o tradiciones”.

Ellas han sido durante años las psicoterapeutas de sus comunidades. Las sabias consejeras capaces de ofrecer un remedio, o al menos un consuelo, a las penas de amor, salud o trabajo, al margen del poder establecidos: la iglesia. Y por eso, por competir con el poder, fueron y todavía son perseguidas.

Las brujas del siglo XXI no solo intentan reivindicar una forma de ecologismo pagano precristiano, en el que todos los aspectos de la naturaleza, animal, vegetal o mineral, merecen un mismo respeto, sino que también reivindican el lado femenino del espíritu. Y si algo ha aterrorizado siempre a los hombres, especialmente a los poderosos, es el poder femenino. Aunque ellas y solo ellas, son y serán las diosas creadoras de vida…




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COLECCIÓN CUADERNOS DE CAMPO

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