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sábado, 11 de abril de 2020

BRUJAS: EL CONOCIMIENTO PROSCRITO



Hechiceras, chamanas, meigas, völvas, streghas, vid´mas… brujas. Sobrevivieron al Judaismo, al Cristianismo y al Islam, y a pesar de que en muchos países todavía son condenadas a la pena de muerte, han llegado hasta el siglo XXI más fuertes y poderosas que nunca. Hoy el Libro de las Sombras se archiva en formato digital, combinan sus rituales ancestrales con foros en Internet y servicios multimedia, y reivindican, con más fuerza que nunca, una filosofía de vida y un sistema de creencias que aboga por el respeto a la naturaleza, el pensamiento mágico y la igualdad de todos los géneros y especies. Son las brujas del Siglo XXI. Más de 200 millones en todo el mundo…


La Real Academia Española de la Lengua (RAE) define la brujería como el “Conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen los brujos y las brujas”. En cuanto a que son las brujas la RAE concluye: 

“Persona a la que se le atribuyen poderes mágicos obtenidos del diablo; m. Hechicero supuestamente dotado de poderes mágicos en determinadas culturas; f. En los cuentos infantiles o relatos folclóricos, mujer fea y malvada, que tiene poderes mágicos y que, generalmente, puede volar montada en una escoba…”. 

Difícil encontrar una definición menos precisa y más errónea para un fenómeno social que sigue vivo en nuestros días. 

Mucho antes de que la Iglesia Católica, y en mayor escala las iglesias protestantes, etiquetasen a las brujas como adoradoras de Satán, en todas las culturas, a lo largo de toda la historia, existieron hombres y mujeres que mantenían una forma de espiritualidad, y unos conocimientos heterodoxos, aplaudidos y consultados por el pueblo, pero denostados, temidos y perseguidos por el poder. 

Podemos seguir su andadura desde el principio de los tiempos. A través del arte rupestre, los petroglifos prehistóricos y los vestigios arqueológicos. Desde que el hombre descubrió, incapaz de comprender el proceso de gestación, que la mujer era la diosa creadora de vida, la temió e intentó controlar ese poder mágico. Y esa persecución feroz y despiadada a la magia femenina, se contagió a todas las religiones de la historia. 

El conocimiento proscrito

En la Torá judía hay casi una decena de referencias explícitas a la condena de la brujería. Entre las más concretas: 

“No se hallará entre los tuyos quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique la adivinación, ni pronosticador, ni adivino, ni hechicero, ni encantador de animales, ni nigromante, ni yideonita, ni quien consulte a los muertos; porque abominable es para el Eterno todo aquél que hace estas cosas, y por causa de estas abominaciones el Eterno, tu Elohim, los destierra de delante de ti… “, (Deuteronomio 18:10-12); 

“Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros. Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos”, (Miqueas 5:12-13); 

Y la contundente: “A la hechicera (o hechicero) no la dejarás vivir”, (Éxodo 22:17).

El Islam tampoco es tibio a la hora de condenar la hechicería: 


"Sepan que Salomón no cayó en la incredulidad, sino que fueron los demonios quienes enseñaban a la gente la hechicería y la magia que transmitieron los ángeles Harut y Marut en Babilonia. Ellos no le enseñaban a nadie sin antes advertirle: ‘Nosotros somos una tentación, no caigan en la incredulidad’. A pesar de la advertencia, aprendieron de ellos cómo separar al hombre de su esposa, aunque no podían perjudicar a nadie sin el permiso de Dios. Lo que aprendían los perjudicaba y no los beneficiaba. Pero los hijos de Israel sabían que quien practicara la hechicería no tendría éxito en la otra vida. ¡Qué mal vendieron sus almas! Si supieran", (Corán 2:102).

Más contundente aún es la tradición islámica de los hadízes o “dichos del Profeta Mahoma” compilados por sus seguidores más cercanos: 

"Quienquiera que acuda a un adivino, vidente o pitonisa, y cree lo que le dice, esa persona ha descreído de lo que le ha sido revelado a Muhammad", (Abu Dawud); "Hacer a alguien o a algo copartícipe de Dios, practicar la brujería; matar un ser viviente, cuya vida ha sido declarada sagrada por Dios, sin justificación; practicar la usura, apropiarse indebidamente de la propiedad de un huérfano, huir durante una batalla, y calumniar a mujeres creyentes castas e inocentes", (Sahih Al Bujari, Sahih Muslim), etc.

Incluso el budismo reprueba las prácticas de brujería: 

“Mientras algunos ascetas y brahmanes, aunque se sostienen de la comida provista por sus seguidores, se ganan la vida de manera incorrecta, mediante el desarrollo de los artes bajos, como por ejemplo, profetizando una larga vida o prosperidad a través de la quiromancia, leyendo las marcas de las manos o pies de los niños, etc.; haciendo adivinanzas de los agüeros o signos; (…) invocando demonios en el cementerio, invocando espíritus, usando los encantamientos para alojarse en una casa de tierra, encantando a la serpiente, haciendo arte de los venenos, arte de los escorpiones, arte de los ratones, arte de las aves y arte del cuervo; prediciendo el número de años que van a vivir los hombres, haciendo encantos para rechazar las flechas y haciendo ruedas de los animales –él (el monje) se mantiene distante de semejantes artes bajos." , (Samannaphala Sutta, 56) 

Pues bien, a pesar de que todas las religiones del mundo condenan la brujería, y en la mayoría de ellas tradicionalmente se ha penado, y todavía se castiga, con la pena de muerte, las prácticas de brujería, esta heterogénea forma de conocimiento se ha mantenido hasta la actualidad, extendiéndose por todo el mundo como una forma de espiritualidad. Rebelde al poder, imbatible, en permanente evolución y expansión.




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COLECCIÓN CUADERNOS DE CAMPO

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