LA VIDA SECRETA DE CARLOS CASTANEDA: ANTROPÓLOGO, BRUJO, ESPÍA, PROFETA.

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sábado, 28 de marzo de 2020

MANUEL CARBALLAL PUBLICA LA PRIMERA BIOGRAFIA DE CARLOS CASTANEDA



El pasado 27 de abril se cumplieron 20 años de su muerte, sin embargo el eco de su obra sigue vivo en el cine, la música, la TV y la literatura del siglo XXI. Nuestro compañero Manuel Carballal acaba de publicar la primera biografía completa de Carlos Castaneda. De su libro extractamos un resumen de la brutal influencia que dejó en la cultura. Aunque no lo sabes, muchas de las frases que usas, y las cosas que crees saber, se deben a la obra de Carlos Castaneda.

Parafraseando a Winston Churchill, Carlos Castaneda era “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Hasta ahora. Pero, nos guste o no, dejó su huella en la historia. Nadie la borrará.

En marzo de 1968, hace ahora 50 años, el departamento de publicaciones de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), editó su primer libro: “Las enseñanzas de Don Juan: Una forma yaqui de conocimiento”. Castaneda, la Providencia o quizás “el intento” escogieron el lugar y el momento oportuno para publicar “Las enseñanzas de Don Juan”. En 1968 la sociedad norteamericana se polarizaba a favor y en contra de la guerra de Vietnam. Martin Luther King era asesinado en Memphis y los cines estrenaban clásicos como “El planeta de los Simios”, “2001, una odisea espacial” y “La semilla del diablo”. Es la América de la contracultura. De los hippies, la marihuana y el LSD. Durante los años 50 la sociedad norteamericana descubrió las drogas.

En 1953 el ya entonces famoso Aldous Huxley lee un artículo sobre el tratamiento de la esquizofrenia con mescalina y contacta con uno de los autores: el Dr. Humphry Osmond. Decide experimentar por si mismo y, entre 1953 y 1963 realizó varios experimentos con mescalina, LSD y psilocibina. Sus libros “Las puertas de la percepción” (1954) y “Cielo e infierno” (1956) se convirtieron en clásicos.

El 13 de mayo de 1957 la revista Life, de gran difusión en EEUU, publicó un artículo del Dr. Robert Wasson sobre el uso de hongos psilocybe en las ceremonias religiosas de los mazatecas mexicanos. Y con los testimonios de Huxley y Wasson, llegó Timothy Leary, el mayor entusiasta del uso del LSD, y su mayor difusor. Leary se convirtió en un personaje mediático, e hizo una gira por diferentes universidades americanas defendiendo las virtudes místicas de esta droga, llegando a fundar, a mediados de los sesenta, y tras acaloradas polémicas, la Liga para el Descubrimiento Espiritual. Fueron los años de eclosión.

Los jóvenes norteamericanos estaban entusiasmados con aquella via rápida de acceso a la divinidad. Un tripi, y la experiencia mística estaba garantizada. Pero no existen atajos hacia Dios. Todos sacaban tajada. Huxley cita, en una carta a Osmond de 1960, incluso a dos psiquiatras de Beverly Hills, que hacían terapia de LSD a 100 dólares la sesión. El célebre médico y parapsicólogo Andrija Puharich también se subió al carro. Su libro “The Sacred Mushroom” (1959) explora las experiencias paranormales con drogas chamánicas, pero también informó a la CIA de las aplicaciones de dichas drogas en el ámbito militar, y un nuevo jugador entró en el tablero… Los experimentos de la CIA con LSD, y los programas de guerra psicológica en los años 50 y 60 merecerían un estudio aparte. Pero lo importante es que cuanto más avanzaba el estudio científico del LSD, más riesgos detectaban los médicos en su consumo indiscriminado.

En 1967 la revista Science publicaba el primer estudio genético que demostraba que el consumo de LSD causaba daños cromosómicos. En 1968 el presidente Lyndon Johnson, en su comparecencia ante el Congreso, prometió endurecer aún más la ley contra el consumo de “LSD y otras sustancias peligrosas”. Ese mismo año eran ilegalizadas en muchos estados.

Pero los jóvenes norteamericanos ya habían descubierto en las drogas el atajo hacia Dios… ¿Cómo iban a renunciar ahora? Y entonces llegó Carlos Castaneda. El joven antropólogo, avalado por la prestigiosa universidad de UCLA, se sacó de la manga una alternativa. Una serie de plantas mágicas y naturales, que podían ofrecer experiencias místicas tan o más intensas que el LSD.

Era una apuesta segura. Como recuerda la segunda de sus cuatro esposas -Margaret Runyan Castaneda-, el primer libro es una versión ampliada de un trabajo de clase. Una redacción larga, realizada a petición de su profesor de Etnografía de California, Clement Meighan: “Meighan pidió en su clase un trabajo trimestral, asegurando un sobresaliente a todos los que se entrevistaran con un indígena, y es que, por muy mal que estuviese hecho el trabajo, el salir a la calle en busca de informadores vivos era una molestia digna de recompensarse con una buena nota”.

En el trabajo original no se cita el nombre de don Juan, ni mucho menos el apellido Matus. El informador no es identificado, pero la redacción de Castaneda entusiasmó al profesor Meighan. “De toda una clase de casi 60 alumnos, Meighan obtuvo tres trabajos en los cuales se había intentado entrevistar a un informador. Uno de los alumnos encontró a un indígena en el campus a través de un programa de becas étnicas (…). Otro vivía en un rancho en Fresno y le hizo a un amigo unas cuantas preguntas de rutina acerca de la forma de vida de los indígenas. Sólo Carlos salió fuera en busca de un informador…”.

Aquel sencillo trabajo de clase de etnografía, que entusiasmó al profesor Meighan, sería ampliado y enriquecido posteriormente, y terminaría convirtiéndose en un libro publicado por la editorial de UCLA primero, y un best seller internacional después, de la mano de Silver & Schuster, su sello comercial durante décadas. Con él vendió más de 27 millones de ejemplares de sus libros, en 17 idiomas. Inspiró miles de ensayos, tesis doctorales y artículos, series de televisión, películas, documentales, cómics, novelas, operas, canciones, cuadros y esculturas, poemas… Sí, sin duda Castaneda dejó su impronta en la historia. Y digamos lo que digamos de él, permanecerá para siempre. Trascendió el status de simple escritor para convertirse en mito. E incluso, para cientos de miles de personas en todo el mundo, quizás millones, todavía hoy es un guía espiritual. El fundador de un nuevo sistema de pensamiento, de una religión: el neo-nagualismo tolteca: el camino del guerrero.

Porque lo que comenzó como un simple trabajo en la clase de antropología de la Universidad de California en los Ángeles (UCLA), después ampliado y editado en formato de libro, terminó, trece títulos después, convertido en una nueva revelación mística.






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