lunes, 30 de marzo de 2020

MANUEL CARBALLAL: TRAS LOS DIOSES EN CUZCO


Cuzco es una gran capital, en todos los sentidos. Siempre lo fue. Pocas ciudades del mundo tienen tanta magia y embrujo. La tarjeta de crédito estaba en las últimas y mi viaje también, así que había que aprovechar al máximo los últimos días de mi aventura tras el secreto de los dioses. 

Y ¿qué mejor que la antigua capital de Tahuantinsuyo, el más grande y antiguo imperio desarrollado en el continente americano, que, con una superficie de más de tres millones de kilómetros cuadrados, incluía casi cinco mil kilómetros de costa sobre el océano Pacífico, lo que representa casi el doble de la costa del territorio peruano actual? 

La palabra Tahuantinsuyo proviene de un nombre compuesto por dos vocablos quechuas: tawa, que significa «cuatro», acompañado del sufijo ntin («junto», «conjunto») y suyo, que quiere decir «región o estado». Cuatro regiones o estados reunidos en aquel vasto imperio del año 1200 d.C. que tenían como capital Cuzco. 

Capital arqueológica del Perú, y quizá de toda Latinoamérica, dice la leyenda que fue fundada por Manco Cápac, el primer inca, cuando buscaba el ombligo del mundo; que es lo que significa la voz quechua gosq'o. Pero, pese al mito, existen evidencias arqueológicas de que la zona estuvo poblada antes de la llegada de los incas, que ciertamente extendieron su poder desde aquí por todo el Imperio del Sol. Al menos hasta 1533, en que llegaron los conquistadores españoles. 

Tras su vergonzoso comportamiento con Atahualpa, Francisco Pizarro continuó avanzando hasta la capital del Imperio Inca, donde entró triunfante el 8 de noviembre de 1533. Todavía es un misterio cómo ciento ochenta soldados españoles, con treinta y siete caballos, consiguieron dominar un imperio de siete millones de incas, de los que extinguieron a seis millones. Como los nazis con los judíos. 

Intuyo que, como en tantas ocasiones, la manipulación de las creencias fue un factor determinante. Los españoles supieron sacar partido a las supersticiones indígenas al dejarse ver como dioses. Los departamentos de operaciones psicológicas de la CIA, el Mossad o el CNI no lo habrían hecho mejor. 

En Cuzco hay tantas cosas interesantes para ver que es imposible resumirlas. La oferta turística es enorme; desde todo tipo de deportes de aventura (rafting, senderismo, piragüismo, etc.) hasta la mayor oferta en museos del país: el Inca, el de arte precolombino o el de arte religioso, entre otros. Pero lo que el viajero no puede perderse de ninguna manera es la gran plaza de Armas, antes llamada Aucaypata, donde una placa nos recuerda a los españoles la vergüenza de la conquista. 

Basta darse un paseo por los soportales que la rodean para encontrar estupendas librerías, tiendas de artesanía, y si eres joven, a los relaciones públicas de todas las discotecas y pubs de la ciudad, que te entregarán la publicidad de sus locales para que esa noche vayas a bailar. La música, las risas y el baile de la noche cuzqueña es algo que también recomiendo por experiencia. 

La noche de Cuzco siempre trae sorpresas. A mí, por ejemplo, me ocurrió la increíble casualidad de encontrarme con Sixto Paz, un personaje muy conocido en Perú, con quien había compartido congresos y polémicas en España, en un restaurante de Cuzco. Lo gracioso es que él vive en Lima y yo en España. 

De la plaza de Armas parte también un circuito de iglesias coloniales, además de la catedral, que es mejor visitar a primera hora de la mañana, cuando abren para la celebración de las primeras misas, ya que no se sufre la afluencia de turistas de la tarde. En ese caso, lógicamente, hay que comportarse y respetar la celebración religiosa sin llamar demasiado la atención. 

En la catedral de Cuzco hay cosas interesantísimas, como el templo cristiano más antiguo de la región, y también la imagen más antigua, donde se muestra cómo era el «ombligo del mundo» cuando llegaron los conquistadores. Y si tienes suerte, escucharás el tañido de la segunda campana más grande del mundo. 

En Cuzco hay una gran presencia misionera. La herencia de los conquistadores españoles se ha mantenido en los conventos franciscanos de la plaza de San Francisco y el de la plaza Recoleta; o en la iglesia de mis estimados jesuitas, los últimos en llegar a Cuzco, para establecerse en el antiguo palacio del inca Huayna Cápac, hacia 1576. Pero si hay una orden que controla los antiguos misterios incas en Cuzco son los dominicos. Ellos heredaron el fantástico Koricancha y todos sus secretos. Koricancha significa «recinto de oro» en quechua, y exactamente eso era hasta que llegaron los españoles para «incautarlo» en nombre de la civilización cristiana y europea. 

El templo más rico de Tahuantinsuyo estaba literalmente cubierto de planchas. Más de setecientas placas de oro, de dos kilogramos cada una. Aquí se conservaban los cuerpos momificados de los dirigentes incas, y a la par que lugar de culto, era un observatorio astronómico y un laboratorio científico donde los sacerdotes elaboraban el calendario ritual. Los sólidos bloques con que fue construido nada tienen que envidar a la Gran Pirámide de Keops. Y, además, son una prueba de la pericia arquitectónica de nuestros antiguos, puesto que mientras la iglesia católica que se construyó sobre esos muros incas se vio seriamente afectada por los terremotos que han diezmado las construcciones coloniales en Cuzco, los incas siguen tan sólidos como el primer día. Toda una lección de humildad para los pretenciosos conquistadores europeos y para quienes se burlan de los conocimientos científicos, matemáticos o arquitectónicos de las culturas pre-colombinas. 

Tras la conquista, Juan Pizarro se quedó con el Koricancha, pero tras su muerte, durante la gran batalla de Sacsayhuamán, en 1536, lo cedió en su testamento a los dominicos, que lo custodian desde entonces. La edificación es enorme, y en su interior alberga un pequeño museo que es imprescindible visitar. Aunque sólo sea por ver las muestras de piedra labrada por los antiguos incas, que superan con creces los taladros «extraterrestres» que mis amigos de la AAS querían ver en la meseta de Giza. Si viesen los orificios circulares, cuadrangulares y rectangulares de estos bloques no volverían a hablar de la supuesta supremacía tecnológica de los egipcios. Y eso que aún no hemos llegado a Machu Picchu... 

Hace unos años el Koricancha acaparó la atención de toda la prensa peruana. Un explorador español, Anselm Pi, consiguió revolucionar a la comunidad arqueológica nacional con sus excavaciones en los túneles subterráneos que surcan las entrañas del Koricancha, llenos de leyendas sobre tesoros escondidos, legados de civilizaciones desaparecidas, etc. 

Las excavaciones de Anselm Pi tuvieron un gran eco incluso en las publicaciones especializadas españolas, y todos creímos estar poco menos que ante una nueva tumba de Tutankamon. Desgraciadamente, el 25 de agosto de 2003 la prensa peruana anunciaba la clausura de todas las investigaciones de Pi exigiéndole la entrega de una carta-fianza por seis mil dólares al INC peruano por haber «alterado la infraestructura» del templo. Un triste final para un sueño que comenzó, en 1982, lleno de esperanzas, y que fue compartido por amigos comunes muy queridos. 

En los alrededores de Cuzco también hay muchos lugares imprescindibles, y antes de continuar viaje hacia el Valle Sagrado, donde terminaría mi búsqueda, visitamos el fastuoso templo de Viracocha, y el Fuerte Rojo de Pucara. También el pequeño «volcán» de Aguas de San Pablo, el «baño del Inca» de Tambomachay y el santuario de Quenko... Toda la zona está llena de restos arqueológicos, pero por encima de todos destaca la espectacular fortaleza de Sacsayhuamán. 

Sacsayhuamán significa «halcón satisfecho» en quechua. Y si las construcciones faraónicas pueden impresionar al viajero, hay que ver estas murallas para saber lo que es bueno. Inmensos bloques de hasta trescientas toneladas de peso, que dejan en ridículo los volúmenes de la Gran Pirámide. Ensamblados de forma inverosímil e incomprensible. Lo más cómodo, sin duda, habría sido crear bloques cúbicos o rectangulares, y de menor tamaño para hacerlos más manejables. Sin embargo, los constructores de Sacsayhuamán se empeñaron en realizar gigantescos mamotretos, con formas irregulares, que sin embargo encajan entre sí como las piezas de un colosal puzle. El peso de los años (y esto es un juego de palabras intencionado) ha terminado por asentar y encajar los bloques, de tal forma que ahora es imposible introducir ni la hoja de una navaja. Lo digo por experiencia. Y lo más extraordinario es que lo que vemos ahora es sólo el 20 por ciento de lo que fue Sacsayhuamán, ya que durante todos estos siglos sus murallas fueron utilizadas como cantera para construir casas, iglesias y monumentos por todo Cuzco. 

Por supuesto, yo había visto fotos y documentales sobre Sacsayhuamán en muchas ocasiones. Pero las descripciones que hacían los cronistas o los escritores no le hacen justicia, como tampoco yo se la hago. No es lo mismo leer que la construcción Sacsayhuamán es un misterio que llegar hasta sus colosales murallas resoplando por el cansancio que supone el mínimo esfuerzo en estas altitudes, mascando coca como un poseso para poder trepar a cualquier risco desde el que hacer la mejor foto... Y a continuación imaginar a los antiguos incas empujando esas piedras de hasta trescientas toneladas... 

No, evidentemente hay que llegar hasta Sacsayhuamán, sufriendo el mal de altura, para valorar en su justa medida esta auténtica obra faraónica de los antiguos incas. Y si se puede escoger fecha, sugiero visitar Sacsayhuamán un 24 de junio, festividad del Inti Raymi. De esta forma, además de admirarse de la majestuosidad de esta colosal obra de ingeniería, se podrá asistir a una de las celebraciones más coloristas, vivas y alegres de la tradición inca, que nada tiene que envidiar a los luminosos festivales de Jaypur. 

Aun así, en medio de los bailes y procesiones, en medio de la música y los trajes tradicionales, resulta difícil abstraerse del misterio que suponen esas murallas.



domingo, 29 de marzo de 2020

EL HOMBRE DE HIELO DE BOLZANO MURIÓ EN UN RITUAL



Hace 5.300 años, en el período Neolítico, entre los Alpes y el Valle de Ortz, Europa, Murió. En el año 1991 dos alpinistas descubrieron al "hombre de los hielos", que reposa desde 1998 en el Museo Arqueológico del Tirol, en Bolzano, Italia. 

Ahora el arqueólogo Johan Reinhard asegura en la edición de febrero de la revista National Geographic que "Oetzi" —como bautizaron a la momia en Bolzano —murió en un "sacrificio ritual" ofrecido a los dioses de las montañas.

El "hombre de los hielos" tenía una flecha clavada en la espalda. Llevaba un hacha en el cinto, flechas en el carcaj y un sombrero de piel de oso. Había estado construyendo un arco de madera de pino, que no logró terminar. En 1991 lo encontraron tendido en una angosta zanja llena de hielo y barro. Era una momia de la Edad de Bronce, que conservaba el pelo completo y los tejidos húmedos. 

El año pasado, los científicos descubrieron que "Oetzi" murió cuando una flecha con punta de piedra lo hirió en la espalda, desmintiendo así la idea de un posible cazador perdido y congelado en un paso montañoso. Ahora el arqueólogo Reinhard cree que "Oetzi" no fue un cazador, sino una presa. La víctima de un asesinato ritual ofrecido a los dioses que, según la religión de esos tiempos, vivían en las grutas de los Alpes a 3.000 metros de altura.

"El sitio donde lo encontraron no es una zanja sino un lugar sagrado, este paisaje tenía importancia ritual", dice Reinhard Estudiando las evidencias, Reinhard notó que el "hombre de los hielos" había dejado todas sus cosas cuidadosamente dispuestas sobre una saliente de la montaña. Sólo 2 de sus 14 flechas estaban terminadas, no le servían para defenderse. Nadie robó su hacha de bronce —una herramienta de gran valor para la época— que estaba enterrada junto a él. Además usaba un calzado hecho de hierbas y cuerda de cáñamo, totalmente inadecuado para la montaña. La teoría de Reinhard ya causa polémicas. 

El antropólogo austríaco Horst Seidler, miembro de la Universidad de Viena y director del comité científico que investiga a "Oetzi", no cree que haya evidencia alguna sobre el supuesto asesinato ritual. "En realidad, no tenemos la menor idea de por qué lo mataron", admite Seidler.

Seidler opina que Reinhard repite ahora su teoría del sacrificio ritual porque está influenciado por sus propios descubrimientos anteriores en Sudamérica. Recientemente, Reinhard encontró en la Cordillera de los Andes varias momias de niños sacrificados por los Incas. 

Pero Reinhard asegura que las evidencias están de su lado. Montaña abajo había sitios más favorables para un asesinato común. Las hojas que se encontraron junto a "Oetzi" indicarían que su muerte fue al final de la primavera o comienzos del verano, no iba a congelarse rápido. El polvo que tenía entre sus ropas indica que alguien lo enterró bajo una capa de tierra y piedras, para que se secara y momificara naturalmente, antes de que los glaciares alpinos lo cubrieran en el invierno. Reinhard destacó que hace más de 2.000 años los antiguos Celtas mataban a flechazos. La caña de la flecha no está en el cuerpo, es improbable que "Oetzi" pudiera arrancársela él mismo. Tenía entre 45 y 50 años, medía 1,65 metros de altura, pesaba 40 kilos y usaba utensilios de cobre, un signo de alto nivel social. 

Según Reinhard, "era un artesano del cobre que sacaba el metal de la montaña". Las montañas eran "la fuente del rayo" y una flecha era también algo parecido a un rayo, según los rituales religiosos. Pero el antropólogo Seidler cree que es mejor esperar a tener más evidencias. Un patólogo examinará a "Oetzi", que está congelado a seis grados bajo cero y con 98 por ciento de humedad en el museo de Bolzano.

Seidler opina que los estudios científicos permitirían saber si "Oetzi" murió por pérdidas de sangre; si su costado izquierdo se paralizó por el daño causado por la flecha, y si podría haber huido de sus enemigos hasta morir a la intemperie en la cumbre de la montaña.

"En realidad, no sabemos si este hombre murió horas o días después de haber sido herido por la flecha", dice Seidler. Y agrega: "lo único seguro es que llegó a ese paso de montaña, se acostó sobre un costado de su cuerpo para dormir o para tratar de recuperarse. Y en esa posición, murió congelado".






sábado, 28 de marzo de 2020

VAMPIROS URBANOS


El oficial de Interpol Juan prieto dijo al periódico El Espectador que estaba preocupado por el aumento del número de vampiros. El Sr. Prieto dijo que los vampiros podrían ser responsables de varios asesinatos sin resolver en Bogotá agregando: 

"Pero tenemos problemas para demostrarlo."

Sombras de lo que parecen ser abrigos largos bajan presurosas por las adoquinadas calles de La Candelaria. La escasa luz de los faroles permite advertir la presencia de 15 o 20 jóvenes, entre hombres y mujeres, que aparentemente buscan algún establecimiento del centro de Bogotá para pasar parte de la noche. Su palidez sepulcral llama la atención de los visitantes del Chorro de Quevedo, que interrumpen su charla o su café para ver pasar a los vampiros.

Al llegar a la Avenida Jiménez con carrera 4, el grupo se detiene un momento junto al espejo de agua del eje ambiental y allí comparte el primer sorbo de sangre humana combinada con brandy. Entonces se da inicio a una frenética noche más de estos estrafalarios seres de la noche en la capital de la República. El líquido, envasado en una pequeña botella plateada, fue obtenido por uno de los vampiros en un centro de salud de Bogotá. A cambio de algunos miles de pesos, ya tienen los nexos necesarios para proveerse de su alimento a través de manos inescrupulosas de empleados que sustraen las bolsas de sangre para consolidar un negocio macabro y clandestino. Con la complicidad del sonido estridente del rock pesado que se oye en diversos locales, especialmente del centro de Bogotá, los vampiros saben que la compra ilícita a esos empleados es la manera más fácil de obtener la sangre. Sin embargo, cuando el dinero no es suficiente, acuden a comprar sangre de animales en los mataderos capitalinos, como cualquier mortal.

Pero no siempre es así. En ocasiones amenazan de muerte a los desprevenidos transeúntes, quienes atemorizados no tienen más opción que ofrecer su cuello y su muñeca (la izquierda), a los insólitos atacantes para que se sirvan de sangre en su estado natural. Basta con un leve corte de objeto cortopunzante para que el vital líquido fluya y sacie, de momento, el hambre de estos personajes. La ausencia total de denuncias ante las autoridades refleja el miedo de las víctimas, que prefieren callar a ser tomadas por personas en trance de locura.

Cuando los vampiros urbanos van a tomar sangre, al igual que sus homólogos de antaño, siempre buscan la yugular y dejan una pequeña marca. Saben cómo sacarla con cuidado para que la herida no sea grave y la persona no muera. Una misma víctima puede ser compartida entre varios atacantes, siempre y cuando el líder —el más antiguo del grupo— lo haga primero.

Los vampiros deben recorrer varios lugares de la capital para conseguir la sangre. Siempre buscan a jóvenes incautos que se dejen persuadir por la magia de un envolvente discurso, que dicen manejar a la perfección. Con la oscuridad de la noche como cómplice, los vampiros se hacen visibles en establecimientos frecuentados por jóvenes.

Si logran convencer de su objetivo a sus víctimas, se trasladan a lugares íntimos donde se alimentan con tranquilidad. A la mañana siguiente la víctima pierde el recuerdo del ataque con el primer asomo de la luz del sol. No obstante, existe un problema jurídico, amparado en la libertad de cultos, que impide a las autoridades poner tras las rejas a las personas que declaran sin pena ser amantes de la sangre o adoradores del demonio.

Juan Prieto, oficial de inteligencia de la Interpol, dice que el vampirismo o las sectas satánicas no son considerados como ilegales, a menos que transgredan la ley. Prieto reconoce que es posible que los vampiros ataquen a las personas, incluso dice que es posible que muchos casos de homicidio estén asociados a estas prácticas macabras. "No obstante, lo complicado es comprobarlo", dice.

En el mundo de los "no humanos", como suelen llamarse los vampiros, la sangre es el principio vital. Ya sea humana o de animal, aseguran que entre más la beben, más se incrementa su energía vital, que incluso les permite llevar una vida común y corriente a la luz del día, cuando se supone que los vampiros duermen en sus féretros.

Los vampiros forman parte de una nueva cultura urbana, organizada a manera de tribu, en la que grupos de jóvenes de hasta 30 integrantes se unen en torno a convicciones y actitudes dirigidas a la adquisición de poder. Para ellos, el poder se obtiene por medio de la constante ingestión de sangre —preferiblemente humana— y del cumplimiento de normas y códigos de conducta específicos, copiados —no cabe duda— de la literatura, el cine y la televisión. La obsesión es tal que, cuando se les imposibilita conseguir su alimento vital, cortan sus propios brazos para obtenerlo.

A los ojos de los demás llevan una vida tranquila, pero la hiperactividad y la ausencia casi total de sueño que intentan demostrar los delatan. En un principio se pensó que se trataba de alguno de los 250 grupos satánicos que, según el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), operan en el país. Sin embargo, en un reciente estudio realizado por dos antropólogos especializados en cultura de adolescentes, se descubrió que algunos jóvenes optaron por dejar atrás el satanismo para convertirse en vampiros y justificar su desmedida adicción por la sangre. Ellos detectaron cerca de 50 grupos en Bogotá, tal vez son más. 

Drácula y Nosferatu 

Ahora el escenario cambió y se trasladó a las calles de los barrios de La Candelaria, Puente Aranda, Barrios Unidos y Kennedy, donde a veces se les ve pasar con sus vestiduras góticas y su inconfundible palidez, rumbo a un evento hasta ahora desconocido para la gran mayoría en Bogotá. Con la misma magia de los personajes originales, los grupos de vampiros capitalinos aparecen y desaparecen en su búsqueda de sangre. Ellos están convencidos de pertenecer a una raza particular, diferente a la humana, pero que crece en medio de ella.

El color de sus rostros se oculta tras varias capas de base blanca, labial y delineadores negros con los que se maquillan antes de salir a las oscuras calles de la capital. Los ojos y los labios resaltados, y las facciones disimuladas de su máscara, no siempre coinciden con las versiones modernas del género. Aun así dan la impresión de ser seres solitarios que le temen a la cruz y al agua bendita. Dicen actuar por instinto, que pueden ver en la oscuridad, que no comen ni beben y que son más fuertes que los humanos Aunque no siempre están conscientes de su verdadera naturaleza, al alcanzarla pretenden incrementar su supuesto poder personal con el apoyo de los miembros de su grupo. Creen en la existencia de Dios y del demonio, pero sus propósitos de vida están más relacionados con metas personales.

Para los expertos en este nuevo fenómeno, en el ámbito individual, ciertos satánicos dicen convertirse en vampiros cuando experimentan por primera vez el sabor de la sangre. "Esto les permite reconocer su verdadera naturaleza, porque adquieren poderes sobrehumanos", afirma el antropólogo Miguel Álvarez-Correa, uno de los autores del libro Mundos de la noche. Vampiros, satánicos y entidades, que entró en circulación hace pocos días y que pone en evidencia una nueva realidad practicada por los jóvenes capitalinos.

Poderes de seducción 

Álvarez-Correa manifiesta que durante tres años se encontró con cerca de 100 vampiros. Ellos le contaron que como Drácula o Nosferatu tienen poderes de seducción sobre el sexo opuesto. La magia de la noche les brinda la posibilidad de adivinar el futuro, e incluso de hacerse invisibles a voluntad. No obstante, aseguran que aunque la luz del día llega a mermar su capacidad, se pueden mezclar con los humanos sin llamar la atención, y desenvolverse en labores normales durante las horas de la mañana.

La forma de vida que eligen llevar hace que los vampiros cuiden de su apariencia optando por una vestimenta de carácter informal, con la que pretenden dar muestra de buena presentación. Llevan consigo accesorios tribales y tatuajes alusivos al vampirismo, que sólo conocen los miembros de su grupo o sus ocasionales víctimas, a las que dicen convencer con sus poderes de seducción. La ciencia considera el consumo de sangre humana (hematofagia) como una enfermedad mental que surge a raíz de la búsqueda de una identidad —con o sin el apoyo de drogas—, o la expresión de convicciones socioculturales erradas. Los expertos anotan que hasta la fecha no se sabe de ningún componente de la sangre humana que genere adicción o dependencia. 

Para Álvarez-Correa, cualquier comportamiento que se desarrolle en ese sentido es producto de desórdenes psicológicos. Sin embargo, la desesperada búsqueda de respuestas y de nuevas expectativas de vida se convirtió en uno de los motivos que están impulsando a los jóvenes —entre los 12 y los 30 años— a ingresar a esta clase de asociaciones. Así las cosas, el satanismo y el vampirismo nacen de unas mismas inquietudes existenciales y surgen de grupos socioeconómicos bajos y medios, que están inmersos en una cultura alejada de los valores morales. La dificultad de determinar cuándo se está frente a uno de estos seres de la noche está en su modus operandi que, a la luz del estudio realizado, no busca reclutar a más personas y raramente recurre a la brujería o a los ritos predecibles de los satánicos. 

De hecho, los vampiros tienen una vida parecida a las demás personas, que sólo cambia cuando las ganas de beber sangre pueden más que la normalidad. O, como ellos mismos dicen:

"No pretendemos convencer a los demás para que estén con nosotros, sino compartir lugares y experiencias que nos permitan recrear los elementos propios del vampirismo. Lo único bueno es que esto ya está cogiendo auge". 






MANUEL CARBALLAL PUBLICA LA PRIMERA BIOGRAFIA DE CARLOS CASTANEDA



El pasado 27 de abril se cumplieron 20 años de su muerte, sin embargo el eco de su obra sigue vivo en el cine, la música, la TV y la literatura del siglo XXI. Nuestro compañero Manuel Carballal acaba de publicar la primera biografía completa de Carlos Castaneda. De su libro extractamos un resumen de la brutal influencia que dejó en la cultura. Aunque no lo sabes, muchas de las frases que usas, y las cosas que crees saber, se deben a la obra de Carlos Castaneda.

Parafraseando a Winston Churchill, Carlos Castaneda era “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Hasta ahora. Pero, nos guste o no, dejó su huella en la historia. Nadie la borrará.

En marzo de 1968, hace ahora 50 años, el departamento de publicaciones de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), editó su primer libro: “Las enseñanzas de Don Juan: Una forma yaqui de conocimiento”. Castaneda, la Providencia o quizás “el intento” escogieron el lugar y el momento oportuno para publicar “Las enseñanzas de Don Juan”. En 1968 la sociedad norteamericana se polarizaba a favor y en contra de la guerra de Vietnam. Martin Luther King era asesinado en Memphis y los cines estrenaban clásicos como “El planeta de los Simios”, “2001, una odisea espacial” y “La semilla del diablo”. Es la América de la contracultura. De los hippies, la marihuana y el LSD. Durante los años 50 la sociedad norteamericana descubrió las drogas.

En 1953 el ya entonces famoso Aldous Huxley lee un artículo sobre el tratamiento de la esquizofrenia con mescalina y contacta con uno de los autores: el Dr. Humphry Osmond. Decide experimentar por si mismo y, entre 1953 y 1963 realizó varios experimentos con mescalina, LSD y psilocibina. Sus libros “Las puertas de la percepción” (1954) y “Cielo e infierno” (1956) se convirtieron en clásicos.

El 13 de mayo de 1957 la revista Life, de gran difusión en EEUU, publicó un artículo del Dr. Robert Wasson sobre el uso de hongos psilocybe en las ceremonias religiosas de los mazatecas mexicanos. Y con los testimonios de Huxley y Wasson, llegó Timothy Leary, el mayor entusiasta del uso del LSD, y su mayor difusor. Leary se convirtió en un personaje mediático, e hizo una gira por diferentes universidades americanas defendiendo las virtudes místicas de esta droga, llegando a fundar, a mediados de los sesenta, y tras acaloradas polémicas, la Liga para el Descubrimiento Espiritual. Fueron los años de eclosión.

Los jóvenes norteamericanos estaban entusiasmados con aquella via rápida de acceso a la divinidad. Un tripi, y la experiencia mística estaba garantizada. Pero no existen atajos hacia Dios. Todos sacaban tajada. Huxley cita, en una carta a Osmond de 1960, incluso a dos psiquiatras de Beverly Hills, que hacían terapia de LSD a 100 dólares la sesión. El célebre médico y parapsicólogo Andrija Puharich también se subió al carro. Su libro “The Sacred Mushroom” (1959) explora las experiencias paranormales con drogas chamánicas, pero también informó a la CIA de las aplicaciones de dichas drogas en el ámbito militar, y un nuevo jugador entró en el tablero… Los experimentos de la CIA con LSD, y los programas de guerra psicológica en los años 50 y 60 merecerían un estudio aparte. Pero lo importante es que cuanto más avanzaba el estudio científico del LSD, más riesgos detectaban los médicos en su consumo indiscriminado.

En 1967 la revista Science publicaba el primer estudio genético que demostraba que el consumo de LSD causaba daños cromosómicos. En 1968 el presidente Lyndon Johnson, en su comparecencia ante el Congreso, prometió endurecer aún más la ley contra el consumo de “LSD y otras sustancias peligrosas”. Ese mismo año eran ilegalizadas en muchos estados.

Pero los jóvenes norteamericanos ya habían descubierto en las drogas el atajo hacia Dios… ¿Cómo iban a renunciar ahora? Y entonces llegó Carlos Castaneda. El joven antropólogo, avalado por la prestigiosa universidad de UCLA, se sacó de la manga una alternativa. Una serie de plantas mágicas y naturales, que podían ofrecer experiencias místicas tan o más intensas que el LSD.

Era una apuesta segura. Como recuerda la segunda de sus cuatro esposas -Margaret Runyan Castaneda-, el primer libro es una versión ampliada de un trabajo de clase. Una redacción larga, realizada a petición de su profesor de Etnografía de California, Clement Meighan: “Meighan pidió en su clase un trabajo trimestral, asegurando un sobresaliente a todos los que se entrevistaran con un indígena, y es que, por muy mal que estuviese hecho el trabajo, el salir a la calle en busca de informadores vivos era una molestia digna de recompensarse con una buena nota”.

En el trabajo original no se cita el nombre de don Juan, ni mucho menos el apellido Matus. El informador no es identificado, pero la redacción de Castaneda entusiasmó al profesor Meighan. “De toda una clase de casi 60 alumnos, Meighan obtuvo tres trabajos en los cuales se había intentado entrevistar a un informador. Uno de los alumnos encontró a un indígena en el campus a través de un programa de becas étnicas (…). Otro vivía en un rancho en Fresno y le hizo a un amigo unas cuantas preguntas de rutina acerca de la forma de vida de los indígenas. Sólo Carlos salió fuera en busca de un informador…”.

Aquel sencillo trabajo de clase de etnografía, que entusiasmó al profesor Meighan, sería ampliado y enriquecido posteriormente, y terminaría convirtiéndose en un libro publicado por la editorial de UCLA primero, y un best seller internacional después, de la mano de Silver & Schuster, su sello comercial durante décadas. Con él vendió más de 27 millones de ejemplares de sus libros, en 17 idiomas. Inspiró miles de ensayos, tesis doctorales y artículos, series de televisión, películas, documentales, cómics, novelas, operas, canciones, cuadros y esculturas, poemas… Sí, sin duda Castaneda dejó su impronta en la historia. Y digamos lo que digamos de él, permanecerá para siempre. Trascendió el status de simple escritor para convertirse en mito. E incluso, para cientos de miles de personas en todo el mundo, quizás millones, todavía hoy es un guía espiritual. El fundador de un nuevo sistema de pensamiento, de una religión: el neo-nagualismo tolteca: el camino del guerrero.

Porque lo que comenzó como un simple trabajo en la clase de antropología de la Universidad de California en los Ángeles (UCLA), después ampliado y editado en formato de libro, terminó, trece títulos después, convertido en una nueva revelación mística.






domingo, 1 de diciembre de 2019

LA VIDA SECRETA DE CARLOS CASTANEDA




Manuel Carballal conoció personalmente a Carlos Castaneda en 1994, recibiendo un trato preferente por parte de sus brujas Carol Tiggs y Kylie Lundahl, para recibir los “pases mágicos” y ejecutar su “recapitulación”, dos de los requisitos imprescindibles para entrar en su círculo de seguidores…

Años después, en 2013, la publicación de un artículo crítico de Chris Aubeck sobre Castaneda en “El Ojo Crítico” nº 72, le motiva a iniciar la investigación más completa y profunda hasta le fecha, con objeto de refutar las afirmaciones de Aubeck. A partir de ese momento, y durante cinco años, Carballal consigue lo que nadie había conseguido antes… componer la primera biografía completa de Carlos Castaneda.

Carballal localiza su partida de nacimiento y bautismo, sus amigos de la infancia y a su último familiar vivo. Partiendo de ahí, sigue su rastro, año a año; su traslado a la capital, donde estudia bellas artes. Incluso rescata sus notas en esa época, y entrevista a sus compañeros de estudios. 

Su llegada a EEUU en 1951, dejando una esposa y una hija atrás, sus primeros años en EEUU, que documenta gracias a sus primeros compañeros de piso en Los Ángeles. Su ingreso en la facultad de antropología en UCLA, que reconstruye con el expediente académico que rescata de los archivos, y su creación de “Las enseñanzas de don Juan”, el trabajo para la asignatura de Antropología Californiana que termina convertido en libro mítico.

Carballal no solo documenta la vida personal y pública de Castaneda, hasta que en 1973 decide borrar esta última, sino también la de sus “brujas”, localizando a sus familias. Continúa cronológicamente la metamorfosis del estudiante de antropología en Nahual, líder de un nuevo movimiento religioso que hoy continúa activo, e identifica con nombres y apellido a Don Juan Matus, Don Genaro Flores, La Gorda, y demás personajes de la saga. 

Y sigue componiendo el puzle biográfico de Castaneda hasta el día de su muerte, en 1998 e incluso los terribles acontecimientos que se produjeron tras la misma.

Tras cinco años de investigación “La vida secreta de Carlos Castaneda” no solo es la primera biografía completa del autor de “Las enseñanzas de don Juan” escrita jamás. Es además una reveladora reflexión sobre la sustancia de la que están hechas nuestras creencias…

Incluye cientos de fotografías y documentos oficiales nunca antes publicados.